Guevara – Ponz 1788
Felipe de Guevara – Antonio Ponz, Comentarios de la Pintura, que escribio Don Felipe de Guevara, Gentil-hombre de boca de Señor Emperador Carlos Quinto, Rey de España. Se publican por la primera vez con un Dicurso preliminar y algunas notas de Don Antonio Ponz…, Madrid [Geronimo Ortega] 1788.
pp. 48–50
ORIGEN DE LA PINTURA EN PAREDES Y AL FRESCO EN ITALIA.
REfiere Plinio, que Ludio, Pintor, que fué en tiempo de Augusto Cesar, enseñó á pintar las paredes con variedades de paisages: mostró una deleytosísima pintura en paredes y obras topiarias, que son encañados y andenes de vergeles, entretexidos de verduras y flores. Pintó bosques, collados, estanques de peces, rios, acequias de agua, orillas de mar, como cada uno lo pudiera desear, con variedad de paseadores y navegantes: otros que iban por tierra á diversas villas, carros y asnos; á otros pescando, á otros cazando ó tomando pájaros, vendimiadores, &c.
Cuenta mas Plinio, que habia en sus exemplares nobles villas que no tenian entradas sino por lagos y pantanos, y mugeres cargadas de diferentes cosas; otras que iban á caer; otras temerosas en diferentes actitudines: en fin muchas agudezas de estas y graciosos donayres. Tambien instituyó y enseñó este Ludio á pintar en lugares sin cobierta, Ciudades marítimas á muy poca costa y de suavísimo aspecto. Este es el género de pintura que en Italia se llama Pintura al fresco, y pintar en lo que ellos llaman faciate, y nosotros delanteras de casas, de la qual se entiende haber sido Ludio, segun la opinion de Plinio, inventor de esta Pintura en Roma (1).
(1) Estas fachadas de casas ó faciate, como dicen los Italianos, se pintaban tambien quando el arte estaba en obscuridad y abatimiento; pero volviéron á pintarse con excelencia en los tiempos de Rafael de Urbino, particularmente en Roma por Polidoro de Caravagio, y por Maturino, que era discípulo del expresado Rafael, y juntamente trabajaban cosas caprichosas y de singular invencion. Representaban regularmente instrumentos y ceremonias antiguas, como urnas, vasos, estatuas, sacrificios, &c. imitando baxos relieves.
Pero parece por este lugar de Plinio haber habido dos géneros de pintar en paredes; porque una vez dice, que Ludio enseñó á pintar en paredes, y en logares sin coobierta; de manera que se puede sospechar que el un género fuese al oleo (1), y el otro al fresco: y algo de esto debe ser lo que en otro lugar Plinio cuenta de Pausias, del qual refiere que pintó en Tespias las paredes con pincel, las quales habian sido ántes por Polignoto pintadas, en la qual pintura fue Pausias vencido, porque no llegó á la de Polignoto. La causa fué porque no era aquel su género de pintar. De la Pintura á fresco en el Grotesco hablarémos mas largo.
(1) Singular opinion la de haber pintado los antiguos al oleo.
pp. 67–99
GROTESCO.
EL Grotesco es un género de Pintura, el qual aunque conste de lineas y colores, á rigor no se puede llamar Pintura; porque la Pintura es imitacion, como en el principio habemos dicho, de algunna cosa natural que es, ó que puede ser: y por el contrario el Grotesco consta de cosas que no son, ni pueden ser, pues en sí contiene tantas diversidades de monstruos é imposibilidades. Este género de pintar semejantes fantasias, no se puede llamar antiguo, esto es del tiempo de los Griegos, pues segun Vitruvio, se entiende debió tener principio en tiempo de Augusto Cesar: ni hay en la edad de los Artífices insignes memoria ni rastro de ella, ni creo se admitiera de ninguna manera entre aquellos antiguos, cuyas imaginaciones y meditaciones respondian á ánimos bien medidos y compuestos, cosas tan fuera de términos, y que en tanto grado pasasen los limites y concierto de naturaleza, sabia y discreta en obrar todas las cosas que cria con peso, razon y cuenta, á quien los Pintores como principal objeto han de tener delante para la imitacion.
A este género de monstruos é imposibilidades han puesto estos tiempos nombre de grotesco: la causa debe ser por haber aparecido en nuestros tiempos este género de Pintura en edificios antiguos de Nápoles y Roma debaxo de tierra, en cuevas á bóvedas que los Italianos llaman grote, de donde deribaron el grotesco. Es manifiesto á los que traen los libros antiguos entre las manos haber las costumbres buenas y loables de aquellos antiguos Romanos, dado al traste en tiempo de Augusto Cesar, y en su lugar haber sucedido vicios y desórdenes sin número, en el qual tiempo parece haber tenido este grotesco origen y principio.
Esto habemos dicho apropósito de confirmar lo que en el discurso de la Pintura diximos, es á saber, que suelen los ánimos mal compuestos y viciosos acarrear pésimas y desbaratadas imaginaciones, de las quales suceden despues las malas imitaciones, como aconteció en este género de Pintura que llamamos Grotesco, al qual para condenalle por vicioso y monstruoso, me parece ser justo referir todas las palabras de Marco Vitruvio Polion, Autor grave y de grande estima, con las quales reprehende este género vicioso de Pintura, atribuyendo la principal parte á los vicios y malas costumbres de aquellos tiempos en que empezó á tener uso.
Dice pues Vitruvio, que los exemplos que los Pintores antiguos tomaban para sus pinturas, constaban de cosas verdaderas, las quales ya en su tiempo las malas costumbres habian reprobado y condenado, pintandose en las paredes ántes monstruos que no imágenes de cosas sabidas y determinadas. Dice mas ¿cómo es posible que una caña sostenga el techo de una casa? ó un candelero una capilla y los ornamentos altos de un edificio? ¿ó cómo una berza tan tierna y tan muelle puede sostener una figura sentada? y ¿cómo pueden las raices de las berzas de una parte procrear flores y de otra una media figura? Empero, aunque los hombres vean estas falsedades no las reprehenden, ántes se huelgan de ellas; ni advierten si son cosas estas que se deben hacer ó nó: ni los entendimientos escurecidos con falsos juicios no bastan ya á juzgar ó aprobar lo que se puede hacer con autoridad y razon del decoro.
Aquellas pinturas no se deben aprobar, las quales no estuvieren hechas á semejanza de la verdad; y ya que esten conforme á la verdad hechas, aunque de lindo parecer, no por eso luego se debe dar juicio de ellas, si no fueren exâminadas con argumentaciones que expliquen no haber en ellas cosa que ofenda.
En la Ciudad de Trales, como Apaturio Alabandeno oviese en el pequeño teatro, que ellos llaman Ecclesiasteron, pintado muy bien una Escena, y oviese hecho en ella en lugar de columnas figuras, y unos centauros, sosteniendo los epistolios, ó capiteles y los techos de los tholos redondos y muy volados; los alquitrabes y las coronas de ellos ornadas con cabezas de leones, las quales cosas todas tienen su cuenta y razon de las goteras de los texados. Y sobre todo, no embargante esto, oviese pintado un Episcenio que es otro sobrado sobre la Escena, en el qual estaban pintados tholos y alquitrabes, y demediados remates, y todos los ornamentos de los techos variamente pintado: y como la vista de esta Escena por su aspereza oviese ablandado las vistas de todos, y estuviesen ya aparejados todos de aprobar esta obra, salió Licinio Matemático y dixo, ser los Alabandenos tenidos en cosas civiles por harto agudos, pero por otra parte sus juzgados por necios, por un vicio de indecencia, aunque no muy grande, y era que en su Gimnasio tenian las estatuas todas como gentes que trataban negocios y causas, y las que tenian en la plaza estaban con discos en las manos, acorriendo, ó jugando á la pelota (1).
(1) Sobre este pasage se puede ver lo que dice Don Josef Ortiz en su Traduccion Castellana de Vitruvio, publicada con real magnificencia el año próxîmo pasado, en la pag. 179 y siguiente, y en las notas de las mismas paginas.
En los Gimnasios se exercitaron los antiguos, y en las plazas oraban y trataban juicios. De aquí nació el indecoro que Licinio decia, y así el estado indecente de las figuras por razon de la propiedad de los lugares en que estaban, pegó en público á la Ciudad vicio de no tener buena estimacion de las cosas. Veamos ahora no nos haga la Escena de Apaturio Alabandenos, ó Abderitas. ¿Quién pues de vosotros puede tener casas sobre los tejados puestas, ó columnas, ó ornamentos de remates? porque estas cosas suelense poner sobre los maderamientos, y no sobre los techos de las tejas: pues si aquellas cosas aprobáremos en las pinturas que en realidad de verdad no pueden con razon ser hechas, juntarnos hemos tambien nosotros con estas Ciudades, las quales fuéron juzgadas por necias por semejantes vicios. Así Apaturio no osó responder contra lo que Licinio Matemático dixo; ántes desbarató toda la Escena, y mudandola á razon de la verdad, despues de enmendada, la aprobó.
O si los Dioses inmortales, dice Vitruvio, hiciesen que Licinio reviviese y corrigiese esta locura, y este propósito errado de las Pinturas de las paredes (1)! Así no será fuera de propósito dar á entender (porque en esto la falsa razon vence á la verdadera) que lo que los antiguos, con trabajo é industria procuraban de aprobar con el arte, se alcanza ahora con colores y con la lindeza de ellos; y la autoridad que los Artífices con sotileza añadian á sus obras, hace ahora el gasto de los Señores, que no se desea. ¿Quién
(1) Qué diria este Licinio, si reviviese en nuestros tiempos, como Vitruvio hubiera querido que reviviese en los suyos, y entrando, no digo en nuestros teatros, sino en los lugares mas sacrosantos, como son los Templos, los viese tan llenos de ideas monstruosas; de tantos retablos disparatados, y otros ornatos llevados á efecto por locas imaginaciones mas ridiculas sin duda que las de Apaturio? ¿Qué diria, digo yo? Creo que no se habia de contentar con medirnos del mismo modo que á los Alabandenos, sino que nos trataria mucho peor que á aquellos, por haber tenido ojos de sufrir en tan santos lugares semejantes disparates, tan contrarios á la razon y á todo buen sentido.
¿Quién fué de los antiguos que usase del bermellon, sino tan escasamente como de medicina? Mas ahora todas las paredes se envisten de ello á cada paso. Juntase á esto la chrisocola, tincar y el carmin, y el armeno, las quales cosas aunque no sean puestas con arte no dexan de dar contento muy lucido á los ojos, y porque son cosas preciosas. Por esto ay ley que las den los Señores de las obras, y no los que toman los destajos. He declarado en esto de pintar las paredes lo que ha sido en mí, avisándose apar de estos errores.
Estas son las palabras y razones con que Vitruvio en el libro septimo condena las impropiedades del que ahora llamamos Grotesco, el qual, como de su lectura se colige, empezó á andar valido en tiempo de Augusto Cesar, á quien Vitruvio dedicó los libros de su Arquitectura, y cuyos tiempos reprehende de esta burleria y falsedad de Pintura. En nuestros tiempos han resuscitado este género de Pintura las reliquias de las grutas de Roma antiguas, habiéndose en ellas hallado algunos exemplos, los quales la novedad ha extrañamente acariciado y acreditado, de suerte que topais con muchos que tienen por mayor felicidad hacer bien una máscara y un monstruo, que una buena figura.
Parecióme no ser fuera de propósito, mas ántes necesario, habiendo tratado del origen y principio de la Pintura al fresco, demostrar en qué género de paredes y techos los antiguos usáron de esta Pintura, y cómo aparejáron las dichas paredes, y qué blanqueamientos y aparejos les dieron, para que este género de Pintura fuese bien asentado, para durar mucho, ser galan y perpetuo. La doctrina es de Vitruvio en el libro VII. cap. III. pero de tal manera escripta, que sospecho está advertida de pocos: á lo menos vemos el uso de esto que los Italianos llaman estuco por acá muy trocado y corrompido. Esto creo debe de haber causado nuevas invenciones para facilitar las cosas y pretensiones que tienen, para que tengan semejanza á las antiguas y perfectas, aunque no lo sean; y como haya pocos que tengan verdadera noticia de los antiguos, pasan por antiguas, como entrevenga alguno de mediano crédito que las autorice.
Dispone Vitruvio el techo de la cámara que se ha de blanquear de lo que ahora la novedad llama estuco en esta manera: dice, que despues de enmaderada la pieza, se encarcele este tal enmaderamiento con cárceles atravesadas de madera, que tenga propiedad de no torcerse, como es el box, el roble, el cipres, el nebro y la oliva. Vieda la encina en toda cosa, porque allende de torcerse, hace aberturas que dañan al blanqueado. En nuestra España será bueno el pino de Cuenca y Balsain antiguo y seco, porque es madera segura y fixa.
Estas cárceles han de ser clávadas con valientes clavos, que las detengan y estorven qualquiera falsedad y torcedura. Pero es de notar, como se colige de Vitruvio, no ser tan perpetuas y seguras estas cosas en techos llanos, como en techos que tengan alguna vuelta, y cerca de qualquier punto que sea: que en las tales paredes parece tener esta obra, que llaman estuco, mas firmeza; y si la boveda ó vuelta que en la pieza se hace fuese de ladrillo ó cosa semejante, eran quitados mil inconvenientes, y no serian necesarias las cosas, que en los techos que tovieren maderamientos se requieren, sino envestir luego en tal boveda el primer arenado, como en las paredes de piedra y ladrillo se acostumbra.
Manda, pues, Vitruvio, que en los techos de maderamientos, hora fueren llanos, ó torcieren á alguna parte, que echadas las cárceles y bien clavadas, tomen cañas y las machaquen y las hiendan, y las aten al dicho techo con esparto Español muy bien atadas y liadas, como acá se hace en un techo que le quieren envestir de yeso, y fué antiguamente usado en España, y se usa el dia de hoy en la mayor parte de la Andalucia, y Reyno de Granada, por faltalles en algunas partes maderas para sus enmaderamientos (1).
(1) Esta falta de maderas es ya muy antigua en España por la falta de plantios, que tambien lo es.
Estas ataduras de las cañas con el esparto al enmaderamiento, deben ser hechas con cuidado y destreza, porque en este aparejo consiste gran parte de la perfeccion de la obra, fixandolos con clavos entre tomiza y tomiza. Hecho esto, manda Vitruvio, trusilar este techo de cañas. Esta palabra trusilar trae confusion en esta doctrina, la qual palabra, ni el interprete Italiano de Vitruvio, ni los Latinos la han dado á entender. A mí me parece que trusilar quiere decir lo mismo que en nuestro Español decimos Xaharrar, que es el primer aparejo que se da acá á las paredes, para disponerlas á recibir el blanqueado (2).
(1!) Llamase en varias partes jarrear y enlucir.
Pero demos que el trusilar sea lo que tengo dicho, como osaria afirmar que lo es, nace de nuevo otra duda, la qual acerca del Autor está dudosísima y es, quál será la mezcla con que se ha de trusilar ó xaharrar este techo; pues parece claro en Vitruvio, que el trusilar no es ninguna de las tres arenaciones, ni ninguna de las tres marmoraciones, sino cosa divisa y apartada de estas. Filandro, interprete de Vitruvio, sospechó trusilar en este capítulo, ser una investidura de yeso, y Budeo afirma, ser esta la propia significacion del trusilar.
Mi parecer es, que el trusilar siempre significa el primer aparejo que nosotros llamamos xaharro, y que algunas veces será de yeso, y otras de otra materia, como lo es en este lugar de Vitruvio de que se trata; porque él expresamente manda que con este blanqueado que los modernos llaman estuco, en ninguna manera se mezcle yeso, condenando la tal mezcla por mala y dañosa. Así me parece que esta trusilacion, ó xaharro de que hablamos, sea de cal, y en lugar de arena se eche ladrillo molido ó teja, ó cosa semejante molida, porque esto es notorio que travará mejor y mas fixamente que no la cal y arena.
Confirmase esta mi opinion con la misma autoridad de Vitruvio, el qual dice en el libro V. cap. X. hablando de los techos de las cuevas: Inferior autem pars quæ ad pavimentum spectat testa primum cum calce trussiletur deinde opere tectorio, sive albario poliatur. Quieren estas palabras decir: la frente del techo que responde al suelo, primeramente se trusile ó xaharree con cal y polvo de barro cocido, como ladrillo, tejas &c. y despues le envistan el blanqueado. Hecho pues este xaharro de cal y ladrillo cocido y molido, se han de dar otras tres envestiduras al techo de cal y arena.
Dada la primera, han de esperar á que se empiece á secar, y luego dalle otra envestidura, y yéndose á secar la segunda, dalle la tercera: de suerte, que allende de la trusilacion ó xaharro, se deben dar tres manos de cal y arena.
Hecho y seco ya esto, danse otras tres envestiduras de cal y marmol, la primera gruesa, la segunda mas delgada, y la tercera mas sutil. Dadas así estas tres manos de marmol, se da el bruñimiento con unos palos rollizos y lisos, ó algun otro instrumento para bruñir, que no tenga esquinas que dañen al blanqueado. Todas estas envestiduras deben ser dadas á regla y nivel, para que despues la pintura que en las tales paredes se oviere de pintar no tenga dificultades algunas.
El blanqueado, dice Vitruvio, que estuviere hecho con esta diligencia será firme y perpetuo, y jamas hará abertura ninguna, porque los bruñimientos que así se le ovieren dado harán gran firmeza, y un pulimento con resplandor maravilloso, y las colores que aquí se metieren exprimirán muy claros lustres, y serán muy vistosas, porque las colores que se gastan, y asientan sobre los techos y paredes recientes y acabadas de hacer, duran perpetuamente, y no pierden nada de su sér, la causa es porque las partes humidas que tiene la cal quando se quema en el horno, se cuecen y consumen de manera, que ella queda vana, y con una rareza aparejada para abrazar y arrebatar en sí qualquiera cosa que se le junte; y así mezclada y ajuntada con otras cosas de otra naturaleza, y juntadas las materias y principios de las unas cosas con las otras, quando se seca se viene á macizar y endurecer de tal manera en qualquiera parte que estuviese labrada, que parece que vuelve á cobrar las calidades propias de su generacion y natural dureza primera.
Por tanto las paredes que fueren bien acabadas ni se hacen sucias con la vejez, ni aunque se frieguen, ni limpien no desechan ni despiden las colores, sino quando son hechas con poca diligencia, y quando las colores se dan estando ellas secas: de suerte, que quando en las paredes fueren los blanqueamientos así hechos como está escrito, ternan firmeza y lustre, y ternan virtud para resistir á la vejez; pero quando en las paredes no se diere sino una cubierta de arena y cal, y otra de cal y marmol, no teniendo la flaqueza resistencia, se rompe y gasta facilmente, ni podrá conservar el lustre que los polimentos le dieren por no tener groseza.
Le sucederá al blanqueado que no tuviere cuerpo lo que al espejo de plata delgada, el qual por su delgadeza tiene floxos é inciertos lustres y remisos resplandores: así por el contrario la pared que fuere de una masa gruesa recibiendo polimento en sí de mayores fuerzas, representará las imágenes á los miradores lucidas y ciertas. Por el consiguiente, los blanqueamientos que se hacen de materia delgada, que es de pocas cubiertas, no solamente se hacen resquebrajosos, pero tambien perecen brevemente, y los que fueren con firmeza de arenaciones y marmoraciones hechos, y de una groseza espesa, y siendo bruñidos con polimentos, no solamente se hacen avivados y resplandecientes, pero representan á los miradores sus imágenes verdaderas.
Esto es lo que en partes Vitruvio, acerca de enlucir las paredes, dexó escrito: de manera que se colige por lo que de dicho Autor está alegado, que el verdadero estuco consta de un xaharro de cal y ladrillo, cuyas porciones serán dos partes de cal y una de ladrillo molido, y de tres cubiertas de cal y arena. La primera enarenacion, que es mezcla de cal y arena, será de arena comun y gruesa, las segundas se puede proveer que sean de arena mas sutil y cernida para facilitar, y que en qualquier parte baste la arena que hay. Sobre estas arenaciones se han de dar otras tres de marmol y cal.
El marmol se apareja de esta manera: que molido pase por tres cedazos diferentes: lo que pasáre por el mas ralo se ha de gastar en la primera investidura de cal y marmol, y lo segundo en la segunda, y lo mas delgado y apurado se pone en la última investidura; y adviertan que hay marmol de dos maneras; en unas canteras se hallan solamente unos terrones de marmol, y este basta para el estuco, otro es mas perfecto y de piezas mayores del qual las desbastaduras bastan para el efecto.
Tambien es de notar, que á falta de marmol, servirian los guijarros blancos que se hallan junto á los rios en España, los quales quemados y molidos y cernidos, como se aparejan para los hornos de vidrio, son cosa excelente para este efecto: en tanto, que aunque haya marmol en abundancia, se deben mezclar los dichos guijarros con el marmol, porque hacen mejor y mas resplandeciente la obra (1). Plinio alaba el blanqueado que tuviere tres arenados y dos marmoraciones, y añade, que Paneo, hermano de Fidias, envistió las paredes de Elide en el templo de Minerva con cal y marmol amasado con leche y azafran.
(1) Estos guijarros blancos aun sin cocer, mezclados con la cal harán todavia mejor efecto.
La leche hace gran firmeza y blancura con la cal, y así en algunos logares, do este secreto se sabe, encañan con cal en lugar de agua, amasada con leche. Dice mas Plinio, que en su tiempo, si estas paredes se fregaran con un dedo mojado, que aun olian á azafran, de donde se entiende que la mezcla de azafran sirvió solo para el buen olor (2).
(2) En quanto á encañar con cal, amasada con leche en lugar de agua, es cierto que la leche dá á la cal mas consistencia, y resulta un blanco mas suave. Encañar parece que es blanquear con brocha ó brochon, y lo hacen los blanqueadores de oficio. En varias Provincias de España, particularmente en Extremadura, Tierra de Campos, Valencia , &c. Lo suelen hacer las criadas ó mugeres de los labradores, con unos trapos puestos en un palo ó caña larga, y á esto llaman enjalvegar, que suele ser con tierra blanca.
No es razon dexar de decir, que fué uso de los Griegos envestir sus paredes en la forma que habemos contado (1), los quales allende de lo dicho, para mayor firmeza usaron otra diligencia que fué, despues de amasar la cal con el marmol, tenian unos morteros grandes, en los quales echaban la cal y el marmol ya mezclado, y allí á fuerza de peones y brazos, pisaban valentísimamente la dicha mezcla, á fin de que se encorporase y uniese á términos de un betun correoso, con la qual industria y diligencia hacian mas fuerte el blanqueado de las paredes. Dice mas, tratando de la bondad que la cal para este género de blanqueadura ha de tener, y es, que habia ley antigua que vedaba que ningun destagero en el blanqueado de las paredes gastase cal que fuere de ménos de tres años; y esta, dice, ser una de las causas por donde jamas se resquebrajan: en lo qual el dia de hoy con gran perjuicio de los señores de las obras, no se tiene ninguna cuenta (1).
(1) Para el betun que resulta de la cal, mármol ó gorroncillos blancos molidos batido con leche, debe estar la cal por algunos años en agua, cuidando de mudarla cada ocho dias. Quando llega el caso de hacer uso, se toma con paleta la porcion necesaria, y echándola en el mortero se le agregan los polvos de mármol ó guijarros, y tambien la leche: todo lo qual se bate con pison de madera hasta que toma la consistencia de betun. Despues se gasta con paleta, dándole el grueso que se quiere: consiguientemente se laba en fresco con paño; se pule y saca lustre, si se aprieta con la misma paleta, ó con espátulas hechas á propósito.
(1) No se puede negar, que para que la cal tuviese todas las buenas qualidades que se expresan, convendria que estuviese en agua tres ó mas años, pues de este modo sale excelente para la construccion de bovedas de ladrillo, descargadas, firmes y de optima calidad.
Dexado esto á parte, los antiguos despues de blanqueados los techos, los ornaron variamente: hacian solamente llanos los cenadores del invierno, porque se pudiesen limpiar mejor del humo del fuego y de las candelas. En los cenadores de verano, acostumbraban echar en los techos ornamentos de relieve, labrando coronas, compartimentos, al modo que nosotros usamos la yeseria en los techos de alcobas, gabinetes y oratorios, y así se puede enmoldar esta composicion en la miel de los yeseros (2); porque Vitruvio dice, que acabados los techos les asienten sus coronamientos, y sean delgados, y de poco peso, porque los pesados, no pudiéndose bien sostener, se caen, y ellos mismos con su peso se traen abaxo.
(2) La miel de los yeseros es al parecer aquella masa suave de yeso que los Bovedistas y Albañiles hacen para dar la última mano á las molduras, que corren con tarrajas , y es la misma con que se laban hoy los enlucidos. Para pegar todas las piezas en las bóvedas ó techos rasos hacen otra masa de mas consistencia, fin de que las piezas no se caygan con el peso.
Por esta causa está claro haber los antiguos compuesto primero las coronas, compartimentos, florones y obras semejantes acá baxo, y despues haberlas pegado en lo alto de los techos con betun, ó con el mismo estuco, ó con otra cosa que los tuviese firmes, como al presente en nuestra yeseria que se amolda, se hace. De suerte, que con esta declaracion mia, se entenderá qual es el falso estuco, ó el verdadero que los antiguos usaron, y hasta nuestros tiempos por la firmeza en muchas partes de Italia dura.
Demas de esto, á nosotros los Españoles nos será fácil la labor del estuco no solo en llano, sino tambien en relievo por el uso que tenemos de variar el yeso, porque los mismos moldes de la miel con que el yeso se enmolda, nos podrian á cada paso servir para enmoldar la masa y composicion del estuco. Pero Italia de algunos años acá, ha hallado modo como en las piezas que son de vuelta y bóveda, se puedan encorporar labores de estuco al tiempo que se hace la mesma bóveda, lo qual no debiéron de ignorar los antiguos, y esto no hay duda sino ser mas firme, y de ménos costa, pero no tiene lugar en techos llanos, sino en vuelta ó cercha, como dicho tengo; aunque me parece que me bastaria el ánimo ingeniar como en un techo llano que no tuviese gran fuga, se pudiese obrar el estuco relevado y labrado, como en techo de bóveda se labra, advertido que sobre el dicho techo llano no se hallase despues para mas larga dura (1).
(1) Hoy se saben incorporar en España todas las molduras en las bóvedas y techos rasos, haciéndolas al mismo tiempo; pero así salen mas costosas, aunque son mas firmes; y esta podrá ser la causa de no hacerlas generalmente al mismo tiempo, pues los dueños de obras suelen mirar ántes al menor coste que á la seguridad y firmeza; y de de esto ¡qué de perjuicios no se siguen!
El modo es de esta suerte: puesta la pared al alto que ha de llegar la coronacion de la bóveda, y formados los estrivos en ella, pónganle luego la cimbria de madera y entablamento, apuntandola muy bien por debaxo. Hecho esto, ténganse aparejados unos moldes de madera de la labor que se quiere, de cavo fondo que sirvan de hembras, como en nuestra lengua decimos, y despues se asienten los tales moldes sobre la cimbria de madera ántes hecha: las espaldas de estos moldes se juntan con la cimbria y el cavo fondo para arriba (1).
(1) En quanto al presente parrafo y los dos siguientes de estos Comentarios, puede decirse, que todos los buenos Albañiles comprehenderán bien, que, puestos los moldes sobre la parte superior de la cimbria, y ajustadas bien todas sus partes, cargando despues sobre esta cimbria la bóveda, sacará los mismos relieves ó huecos que vayan figurados en los moldes.
Si las molduras ó relieves han de ser de masa de estuco, ó de otra cosa diferente, se llenan ántes los moldes, ó al mismo tiempo que la bóveda se vá haciendo, poniendo tambien segun el caso algunos garfios, que se agarran con ella; y para que la masa no se pegue á los moldes, y tengan ménos que retocar las molduras, se untan los moldes con aceyte de linaza ó borra de aceyte, y así saldrán casi perfectas las molduras, ya sean los moldes de barro, greda, yeso ó madera, pues de todo esto se pueden hacer.
Esto bien asentado á nivel y regla y igualdad, henchirán los dichos moldes de la masa de estuco de composicion de marmol y cal sotil, mas ó ménos, como el dueño ó la obra lo demandare. Hecho esto, y llanos estos moldes, y tendida por igual la masa, empiecen luego á formar la bóveda sobre la dicha masa de ladrillo y cal, y á mi parecer se sufriria de yeso y ladrillo la bóveda, si el caso lo requiriese. Hecha la bóveda y cerrada, se dexe todo enjugar hasta haber hecho presa, y despues quitense las cimbrias y lo que oviere robado del relieve, se repare.
Tambien pueden ser las hembras de barro, sacadas de algun relievo y tendidas sobre la cimbria dicha, igualmente cerradas bien las junturas de los unos moldes con los otros, como no se pueda colar abaxo nada, y obrarlo como arriba está dicho. Pero adviertase que el estuco metido en moldes de barro, terná mas necesidad de repararse, ó casi labrarlo de nuevo á cuchillo para perfeccionar la obra.
Parecióme ser justo, ya que se habia dicho el modo de como los antiguos blanquearon sus paredes, y dispuesto para la pintura, dar cuenta de las colores que en esta Pintura al fresco usaron. Hace, pues, Vitruvio mencion de dos géneros de colores, el uno era de colores naturales, el otro de artificiales y compuestos. Entre los naturales cuenta el ocre, el sil ático, el qual algunos quieren que sea color morado carmesí, y el almagra: alaba el de Sinope, el de Egypto y el de España, lo de las Islas de Mallorca y el Lemnio. Cuenta tambien entre estas colores naturales el Paretonio, llamado así del lugar de Egypto donde se cava. Dice Plino, que el Paretonio se cria de la espuma de la mar mezclada con barro, y que era el blanco que mas firmeza tenia por la livianeza. Cuenta asimismo el Melino: criáse en la Isla de Melo, cuya color es vaya y semeja al membrillo. Nombra mas la creta verde que se puede creer ser la verde tierra, que al presente usan; y el oropimente: y la sandaracha natural, á diferencia de la compuesta, la qual algunos llaman arsénico colorado.
Cuenta mas el bermellon, el qual, confiesa que si se pinta en parte donde el sol y ayre y luna le toca, que en pocos dias se mueve y torna negro. Nombra tambien el chrisocola (declaran algunos ser atincar) pero en fin, del mismo Vitruvio lib. VII. cap. XIV. se entiende ser color verde natural, el qual se cava junto á las minas de oro y plata. Tambien entre estos cuenta el indico (los Venecianos le llaman endigo) cuyo color representa un azul escuro que tira á negro.
Estas son las colores naturales que Vitruvio nombra en la pintura de paredes. Despues en las colores que constan de artificio, cuenta el atramento, que es color negra que de zumos de pez y de resina, y otras cosas se compone; cuenta el sil, cuyos terrones hechos asqua, y muertos en vinagre representan color de púrpura. Usaron tambien del albayalde y de la sandaraca compuesta, que es el albayalde quemado, lo qual llamamos nosotros azarcon. Nombra entre las colores compuestas la æruca, llamada en nuestra lengua, verde cardenillo.
Cuenta mas el ostro, el qual dice, ser la mas excelente color de todas las compuestas: en nuestra lengua se dice carmin ó carmesí; y al fin, como contase la púrpura entre estas colores, de sus composiciones dice, que de la greda mezclada con las raices de rubia, y el ysgino, que sale púrpura. Dice el ysgino ser vacinium, ó hyacinthum, y el vacinium cierto género de violeta ó alelies moradas: y de la misma manera templado el vacinium, y mezclandole leche sale de él una púrpura muy galana: y á falta del sil atico, teniendo la violeta seca y echada en agua, y puesta á hervir, despues de bien cocida, echada en un lienzo, y exprimida bien con las manos en un mortero, sale de ella una agua colorada, en la qual echada despues tierra eretria y bien mojada, representa el color del sil atico.
Asimismo, los que por la carestia no podian comprar chrisocola natural, tomaban una yerba lutea, que es amarilla, de color de yema de huevo, y la mezclaban con azul, y de ella componian un verde muy verde. Igualmente faltando el color indico, se compone y junta, tomada tierra selemnusia que es blanca, y vidrio mezclado y molido en uno. Plinio, añade, que el estiercol de palomas, mezclado con el vidrio, junta la color indicada. Con esta color, dice Plinio, que se pintaban los cuerpos de las mugeres.
Estas son las colores, como Vitruvio dice, con las quales las pinturas en su tiempo se hacian en las paredes perfectas y galanas, las quales yo he referido, no porque el dia de hoy falten colores, pero porque fuesen notorias á los que de las cosas antiguas tienen gusto; y cuenta las colores que antiguamente en estas paredes se gastaron, y el dia de hoy se pueden gastar. (1). En suma, de toda esta doctrina se colige cómo se han de aparejar las paredes para ser pintadas para perficion y perpetuidad. De la perpetuidad nos dan testimonio las ruinas de Roma y otras partes de Italia, que con haber tantos años que estan al ayre, y cubiertas de tierra, tienen lustre, firmeza y galania (1).
(2!) Algunas de estas colores naturales y compuestas que Vitruvio refiere las han explicado los interpretes de dicho Autor con alguna variedad. Puede el curioso cotejar acerca de esto lo que se encuentra en el libro VII. de Vitruvio en la citada traduccion de Don Josef Ortiz, y en las notas desde el capítulo 7. hasta el fin del libro; pero respecto de que Guevara mas las refiere por curiosidad, que por necesidad que hoy tengamos de ellas, no hay para que detenernos sobre este punto.
(1) Las prolixas y diligentes preparaciones de que usaron los antiguos para sus pinturas á fresco, las han suplido los modernos con mucho ahorro de tiempo, y sin mas que una arenacion ó aparejo de cal y arena. Esta práctica la explica bien Don Antonio Palomino en el segundo tomo de su Museo Pictorico, pag. 98. y siguientes.
Colígese mas, que si no se quieren pintar las dichas paredes, la ventaja que terná este blanqueado al yeso, y los albiceres de relieve del estuque, al relieve de yeso, y la facilidad con que se puede obrar, pues los montes de Toledo nos dan marmol bastante, y los rios guijarros blancos y en abundancia, y la miel de los yeseros, que decimos, moldes hartos para enmoldar frisos y molduras, y semejantes cosas de estuco, como hasta ahora en el yeso lo han hecho.
Parece haber dexado Vitruvio de tratar dos cosas, con las quales tuviéramos entero cumplimiento del arte, de como los antiguos blanqueaban las paredes y pintaban. La una era de como tener húmida la pared, despues de hechos los bruñimientos en ella para que se pudiese pintar, y acabarse la pintura ántes que la pared se sesecase, pues afirma, que las colores deben ser metidas ántes de estar seco el dicho blanqueado. La segunda era dexarnos dicho como se gastaban las colores, y se desataban en este género de pintura de paredes. Pero pues no lo dixo como cosa que entónces seria muy notoria á todos, parecióme ser justo imaginar como se debió entónces de hacer, y sino dar órden como se haga.
Para esto es necesario presuponer que el modo como ahora lo hacen es falso y mal compuesto, porque los artífices de estos tiempos blanquean un pedazo de pared (dexemos que el blanqueado que usan no es antiguo) y acabado le pintan: despues añaden otro pedazo de blanqueado, pintandole asimismo. En suma, este blanqueado se va haciendo por partes y no de un golpe, ni de una masa, en lo qual hay grandes inconvenientes; porque los blanqueados hechos de esta suerte, ni pueden tener perficion, ni larga dura, sin que en ellos se hagan aberturas y otros vicios; porque el blanqueado que sucede al pedazo primero ya seco, es manifiesto, no se unirá, ni incorporará con lo seco, con aquella firmeza que lo hiciera si el blanqueado se continuára con una misma masa, tiempo y continuacion (1).
(1) En quanto á la duracion de las pinturas á fresco de los modernos, desde que Don Felipe de Guevara escribió, se puede asegurar que durarán porcion de siglos. Ya cuentan mas de dos las de Lucas Cambiaso en la bóveda del Coro del Escorial, y en la del Presbiterio, y las de Peregrino Tibaldi en la de la Biblioteca, y en las paredes del Coro de dicho Real Monasterio, conservandose perfectamente unas y otras. Esta duracion, como digo, podrá verificarse muchos siglos, con tal que las bóvedas y paredes de estos edificios se mantengan preservadas de que las penetren las lluvias, y otras inclemencias, que las aniquilen, como serian incendios, terremotos, ó males equivalentes.
De aqui nace parecer en estos blanqueados faltas, las quales el tiempo nos muestra cada dia. Demas de esto, la pared que á pedazos se fuere blanqueando, no sufrirá se haga en ella la diligencia de los bruñimientos que Vitruvio manda se haga, como cosa del todo necesaria para la perfeccion, dura y galania de las dichas paredes; porque si en estas paredes por pedazos quisiésemos hacer la tal diligencia, no se podria hacer bien ni medianamente; lo uno, porque la pintura metida fresca recibiria daño en las partes donde se junta con el nuevo blanqueado. Demas de esto, estas tales paredes vernian á no ser hechas á regla ni nivel con perficion, ántes de necesidad sucederia haber en ellas mil tesos y valles, por razon de las incorporaciones y de las masas diferentes al tiempo de juntarse el blanqueado fresco con las partes ya secas (1). Dichos, pues, los inconvenientes, vengamos al remedio. Para esto se presupone que los Artífices antiguos fuéron muy diligentes y recatados: por esta causa tengo por muy cierto que nunca blanquearon las paredes por pedazos, pero que siempre, hora fuese largo ó corto el lienzo ó jastial (2), como los nuestros dicen, le acabaron con una sazon y temple, el qual despues pintaron con tanta furia y diligencia, que la pintura y el secarse viniese á acabarse á una: dexando aparte que ternian industria particular para dexar esa pared húmida algunos dias.
(1) Sin embargo de las faltas que el Autor de los Comentarios dá por indispensables en las pinturas modernas á fresco, se puede decir, que Palomino, que dió reglas para los aparejos del fresco, trató á Lucas Jordan, uno de los mas prácticos fresquistas que se han conocido, y él tambien lo fué. Las obras de Jordan en el Escorial, en Madrid y en Toledo no manifiestan estas faltas, y apenas se notan en ellas las uniones de las tareas, ni los tesos y valles expresados. Durarán sin duda estas pinturas, como las que el mismo Palomino hizo en Valencia, Granada, el Paular, &c. con la misma frescura que ahora las vemos, al igual de las que se han dicho y de las de los antiguos, con las precauciones referidas, y sin la ruina de los edificios en donde estan. Mengs, que fué gran investigador de las artes antiguas hizo sus obras á fresco, segun la moderna práctica en este Real Palacio y en otras partes. Podrá ser que estas pinturas enterradas y puestas á la inclemencia del sol, del ayre y del agua no durasen lo que han durado las antiguas, que refiere Don Felipe de Guevara, y es cierto tambien, que causa maravilla la conservacion de tantas como se encontraron sepultadas y acometidas de las encendidas lavas del Vesuvio en las excavaciones de Caserta, ó del Herculano, que mas ha de veinte y cinco años tuve el gusto de ver repetidas veces con motivo de haber estado una temporada en aquel Real Sitio.
(1!) Jastial es voz que se usa en Extremadura, y significa un lienzo de pared.
Por tanto yo he imaginado dos cosas para tener húmida una pared blanqueada, que fuere acabada con las diligencias que Vitruvio manda se acabe. La una, que acabada la pared, excepto aquellas partes que se fueren pintando, se cubra luego con algun lienzo mojado de agua muy limpia, porque este lienzo allende de humedecer el blanqueado, defenderá con su humidad que el ayre no deseque el dicho blanqueado: y para entretener las dichas partes descubiertas y que se pintan, se tenga esta forma. Tenganse esponjas muy limpias en agua muy limpia, las quales medianamente exprimidas, se vayan poniendo en las partes del blanqueado que mas necesidad mostrare tener de entretenerse húmido; y esta diligencia hecha muy á menudo y con consideracion entreterná por hartos dias este blanqueado húmido; y así conseguirémos el fin deseado que es tener paredes antiguas, pintadas con firmeza grande y con sumo acabamiento (1).
(1) He hablado de las pinturas á fresco de Cincinato y Cambiaso en el Escorial, como de exemplos caseros. Buscándolos fuera de casa, no sé yo si Rafael de Urbino, Micael Angelo, y otros de su tiempo en Italia prepararian sus paredes y bovedas, segun ahora se usa, y como explica Palomino, ó si de algun otro modo mas conforme á las doctrinas de Vitruvio, como creen algunos. Lo cierto es que así el Juicio final sobre el altar de la Capilla Sixtina en el Vaticano, y su bóveda se mantienen grandemente cerca de trescientos años; y lo mismo sucederia con las Pinturas de Rafael, sino fuera que á puro copiarlas, y manosearlas continuamente desde que se hicieron, han padecido y padecen en partes que se tiene gran cuidado de repararlas. Las pinturas de estos Artifices estan acabadas quanto se puede desear, y piden las distancias de donde se han de ver.
Resta tratar de como Vitruvio no nos dexó con qué se desataron las colores que en las tales paredes se gastaban. Parece estar ya esto remediado de los modernos, desatandolas con agua de cal; y pues esto en la Pintura les sucede bien, creamos que así lo hicieron los antiguos, y si no, que esto basta, aunque se ignore lo antiguo: pero adviertase que los modernos se engañan creyendo que no gastaron los antiguos colores compuestos en estas paredes, sino naturales, y las mas de tierra. De este engaño Vitruvio da testimonio, pues nos dexó no solamente contadas las colores compuestas que usaron, pero escribiendo tambien las composiciones de algunas.
Prueben, pues, las colores compuestas los que esta arte profesan, quizá les sucederá como sucedió á los antiguos, y si no les sucediere, entenderseha que no se gastan hoy dia las colores en este género de pintura como antiguamente se gastaron; y alto á la imaginacion y buscar con ella el remedio: porque no es justo que los poderosos que tales obras emprenden y aman, sean privados de tanta lindeza de colores compuestas como en el mundo hay por negligencia y floxedad de los Artífices; y especialmente se habia de trabajar esto con gran cuidado, por ser estas colores terreas que gastan las mas ásperas, duras, y que traen consigo un no se qué de melancolia.
